Hoy vamos a provocar que todos los papás mexicanos se traguen sus regaños de los 90s: resulta que jugar Pokémon de niño no era perder el tiempo… ¡era invertir en tu cerebro! Sí, mientras tu mamá te gritaba ‘¡Ya deja esa maquinita y ponte a hacer la tarea!’, tú estabas desarrollando una parte muy especial de tu coco.”
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El estudio de Stanford: comparó a adultos que jugaron Pokémon entre los 5 y 8 años contra otros que nunca lo hicieron.
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Resultado: los que sí jugaron tienen más desarrollada la corteza occipitotemporal ventral, que se activa solo al ver imágenes de Pokémon.
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Traducción al mexicano: tu cerebro se prende como foco cuando ves a Pikachu, pero se apaga cuando ves la boleta de calificaciones.
O sea que mientras tu primo el aplicado hacía sumas y restas, tú aprendías que Charmander le gana a Bulbasaur, pero pierde contra Squirtle. ¡Eso sí es conocimiento útil, carajo!. La próxima vez que alguien te diga que Pokémon era para perder el tiempo, enséñale el estudio y dile: ‘Mira, mi cerebro está más desarrollado que tu colección de estampitas del Mundial; Y ojo: no aplica si jugabas con las tazos pirata del mercado, tenía que ser en el Game Boy. La ciencia es clara:
- El estudio se hizo con resonancias magnéticas funcionales (fMRI).
- La activación cerebral se da solo con imágenes de Pokémon, no con rostros ni palabras.
- La teoría de la “retinotopía” explica que verlos en la pantalla chiquita del Game Boy dejó huella permanente.
Recordemos que la saga cumple 30 años en 2026, y sigue moldeando cerebros… y carteras.

